«Ahora pues, le ruego que quede este su siervo como esclavo de mi señor, en lugar del muchacho, y que el muchacho suba con sus hermanos. Pues, ¿cómo subiré a mi padre no estando el muchacho conmigo, sin que yo vea el mal que sobrevendrá a mi padre?»

(Génesis 44:33-34, NBLA)

“Amar verdaderamente es darse a uno mismo sacrificialmente para buscar el mayor bien del que es amado. El verdadero amor se manifiesta al dar nuestro tiempo y apoyo, es dar lo que es costoso y valioso para nosotros. Es morir a uno mismo para que otros puedan vivir”.

Estas palabras  me confrontaron.

Debido a las nuevas y mayores responsabilidades en mi día a día, disponía mi poco tiempo libre para descansar por lo que rechazaba o posponía las invitaciones de amistades que necesitaban ser escuchadas.

Si. La impía trinidad en su máxima expresión: “YO necesito descansar, es MI único día libre y ese día es PARA MIS asuntos urgentes”.

No hay amor sin sacrificio. Pero, siendo honesta, intentaba justificar mi falta de amor al prójimo olvidándome de nuestro modelo a seguir: el Señor Jesús quien “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36, RVR1960).

Con esto no quiero decir que vivamos sin descanso o que dejemos de lado asuntos importantes, el problema es la intención que hay detrás de nuestras palabras y aún de los pensamientos. En mi caso, era egoísmo puro y una visión egocéntrica. 

¿Y cómo es el amor verdadero?

Es dar sacrificialmente lo que es más valioso para nosotras, como Dios Padre lo hizo al entregar voluntariamente a Su Hijo unigénito (Juan 3:16), quien fue nuestro Sustituto en la cruz recibiendo el castigo que merecíamos.  

Es renunciar a nuestro yo, a morir a nosotras para el bien mayor del ser amado, así como Jesús, Dios Hijo, lo hizo al dar la vida por sus amigos” (Juan 15:13).

Es costoso, nunca es fácil y nos empuja más allá de lo que alguna vez pensamos que éramos capaces de hacer, como Judá el hermano de Benjamin en Génesis 44 quien amó verdaderamente al estar dispuesto a tomar el lugar del “aparente culpable”, convertirse en esclavo de José y permanecer en Egipto indefinidamente.

Solo un corazón transformado puede amar verdaderamente

“Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios, y todo el que ama es nacido de Dios y conoce a Dios” (1 Juan 4:7, NBLA)

El amor involucra la voluntad y muchas veces nuestros sentimientos no están en armonía con lo que debemos hacer, en consecuencia, necesitamos estar llenas del Espíritu Santo para poder amar incluso a quiénes nos cuesta.  

No es nuestras fuerzas, sino con Su Espíritu.

Nosotras tampoco merecíamos el amor de Dios Padre y Dios Hijo

Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8, NBLA)

Vivíamos en rebeldía contra Dios y muy lejos de Su estándar de perfección (Romanos 3:23), aun así, nos amó incondicionalmente. El Señor Jesús fue humillado, herido y traicionado, aun así, culminó la obra perfectamente cumpliendo con la voluntad del Padre a cabalidad.

El amor no espera nada a cambio

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a Su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10, NBLA)

¿Dios nos amó porque nosotras mostramos amor primero? No. Aún nuestras “mejores acciones” eran trapos de inmundicia para ÉL, un Dios tres veces santo.

¿Es necesario recibir amor del prójimo para amarlos? Y si no retribuyen a nuestro amor ¿Cómo vamos a reaccionar?

Amiga, al amar sacrificialmente a nuestro prójimo demostramos que Cristo vive en nosotras y que nosotras estamos en ÉL. Por la gracia de Dios tenemos nuevos corazones donde habita Dios Espíritu quien nos ayuda a vivir la vida cristiana como se debe: negándonos a nosotras mismas, tomar nuestra cruz cada día y seguir a Cristo” (Lucas 9:23)

 

 

Oremos:

Querido Padre, perdónanos por las veces que no hemos amado sacrificialmente dando prioridad a nuestro bienestar y no al de nuestro prójimo. Ayúdanos a vivir conforme al Espíritu y no a la carne. Ayúdanos a amar conforme a Tus enseñanzas. En el Nombre de Jesús. Amén. 

 

 

 

Versículo para meditar:

Juan 13:34 Un mandamiento nuevo les doy: “que se amen los unos a los otros”; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. (NBLA)

 

Para reflexionar:

¿A que persona debes demostrar el amor que Dios ha depositado en tu corazón como fruto del Espíritu? ¿Has estado evadiendo este mandamiento? ¿Estás orando para que el Espíritu Santo te ayude a obedecer?

Nos encantaría que compartieras tus pensamientos en los comentarios.