“Entonces María dijo: —Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho. Con esto, el ángel se fue” (Lucas 1:38, DHH)

Dios no había pronunciado palabra en más de 400 años y ya habían transcurrido 500 años desde el último milagro y la aparición de un ángel.

Por siglos el pueblo hebreo no había escuchado Palabra del cielo o experimentado un milagro o visto un ángel. Todo lo que sabían acerca de Dios fue lo que escucharon de generación tras generación.

Hasta que finalmente Dios rompió el silencio. El tiempo del cumplimiento había llegado y el plan de salvación para la humanidad empezó a ejecutarse.

En el capítulo 1 de Lucas entró en escena al ángel Gabriel para transmitir, primero a Zacarías y luego a María, la Palabra de Dios. Hay semejanza en el mensaje que reciben, pero hay una enorme diferencia en la respuesta de María quien, sin hacer un inventario de todas las implicancias, creyó auténticamente en la promesa divina y obedeció voluntariamente la orden celestial, algo que debería estar en el corazón de toda hija de Dios.

1.Las similitudes

  • El ángel Gabriel se apareció a ambos (Lucas 1:19; 1:26-27).
  • Los dos recibieron la promesa de la concepción milagrosa de un hijo (Lucas 1:13; 1:31).
  • Ambos estuvieron en la misma situación de no poder tener un hijo: la esposa de Zacarías era estéril y María era virgen (Lucas 1:7; 1:27).
  • Los dos quedaron perplejos ¿Cómo será esto? (Lucas 1:18; 1:34)
  • Sus hijos cumplirían con un propósito preestablecido soberanamente por Dios (Lucas 1:15-17; 1:31-33)

2.La diferencia es la fe auténtica

Zacarías fue un sacerdote del Templo, de edad avanzada, respetado, obediente y conocedor de la Ley de Dios, sin embargo, todas esas “competencias” no fueron suficientes para creer en la Palabra de Dios: “por cuanto NO CREÍSTE mis palabras” (Lucas 1:20c, énfasis añadido, NBLA). Y por esa razón, el ángel también precisó que sería enmudecido hasta el nacimiento de su hijo Juan (V20).

Y por otro lado tenemos a María quien, a pesar de ser joven, no tener esposo ni ninguna posición en su comunidad, demostró tener una fe pura. Las palabras de su prima Elisabet, llena del Espíritu Santo, lo confirman (V41): “Y bienaventurada LA QUE CREYÓ que tendrá cumplimiento lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45, énfasis añadido, NBLA)

María pudo decir ¿Por qué? pero su respuesta estuvo llena de fe y asombro: «¿Cómo será esto, puesto que soy virgen?»” (Lucas 1:34, NBLA).

El ángel respondió afirmando que sería el Espíritu Santo quien vendría sobre ella y que el poder del Altísimo la cubriría con Su sombra (V35) y ¿Qué dijo María después de esta explicación?  «Soy la sierva del Señor, hágase en mí conforme Tu palabra».

3.Asumir nuestra posición de esclavas producirá total obediencia

La palabra en el griego original es doulē (G1399), un sustantivo femenino que significa esclava. Esta palabra transmite la idea de una estrecha relación de la esclava con el amo, a quien pertenece y por quien está dispuesta a rendir su voluntad. En otras palabras, una voluntad subordinada a la voluntad de su amo.

Ralph Earle añade que esta palabra da a entender que «María se puso completamente a disposición de Dios, aun sabiendo que el resultado causaría vergüenza y deshonra ante los demás”.  

La humillación de María, es decir, considerarse asimisma como un instrumento de gracia para los propósitos de Dios, abrió las puertas de su corazón para obedecer sin reservas a Su Salvador (V47).

Hay que destacar que lo importante no es entender el concepto de la palabra esclava, sino que como creyentes seamos conscientes de nuestra posición delante de Dios: a Sus pies, que es lo único que nos capacitará a renunciar totalmente a nuestros derechos para obedecer Su voluntad de corazón.  

Así es como se desarrolla una verdadera obediencia.

Amiga, Dios no bendice a las personas según “credenciales” o “cualidades”, Él busca corazones con fe auténtica que no añadan o quiten palabras a Su voluntad. María fue un ser humano igual a nosotras y no se consideró alguien especial, al contrario, fue humilde y estuvo dispuesta a creer y hacer la voluntad de Dios.

Es un hecho que no tendremos un encuentro con un ángel como el que tuvo María hace 2000 años, no obstante, Dios sigue hablándonos hoy a través de Su Palabra.

¿Vamos a creer y descansar en Sus promesas? ¿Vamos a obedecer sin porqués? 

 

Oremos:

Querido Padre, reconocemos que la incredulidad muchas veces produce temor, desconfianza y desobediencia. Ayúdanos a seguir el ejemplo de tus siervos que fueron igual a nosotras pero que decidieron confiar en Ti y obedecerte. En el Nombre de Jesús. Amén. 

 

 

 

Versículo para meditar:

Hebreos 11:6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. (RVR1960)

 

Para reflexionar:

Gracias Padre porque Tus promesas se cumplen. ¿Cómo podemos servirte para traer gloria a Tu Nombre? ¿En que áreas de nuestra vida debemos rendirnos para obedecerte?

Nos encantaría que compartieras tus pensamientos en los comentarios.