“Y tomó su amo a José, y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo allí en la cárcel. Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel”

(Génesis 39:20-21, RVR1960)

Mientras narraba su situación crítica de los últimos meses, problemas laborales que afectaron su salud, un pensamiento invadió mi mente: “estuvieras igual o peor si no fuera por la presencia de Dios en tu vida”.

Y aunque no debemos comparar nuestras vidas con el resto de las personas, en esta ocasión, tuve que hacerlo.  No fue lo que Dios trajo o no trajo a mi vida, más bien, fue Él mismo, la conciencia de Su presencia, lo que lleno mi corazón de una profunda convicción que pude afirmar: “Que por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias; nuevas son cada mañana. ¡Grande es tu fidelidad!” (Lamentaciones 3:22-23)

Es un hecho que al dar gracias, muchas veces, nos enfocamos en las cosas que Dios nos ha provisto e incluso desprovisto, olvidando que Él mismo es la principal razón de nuestra gratitud. El Dios de innumerables atributos, en el que no hay sombra de variación (Santiago 1:17):

El que conoce todo de mí, todos mis pensamientos y todo lo que voy a decir incluso antes que lo diga (Salmos 139)… y aun así permanece a mi lado.

El que conoce las verdaderas intenciones de mi corazón (Jeremías 17:10)… y aun así permanece a mi lado.

El que conoce mis temores y falta de fe (Mateo 8:26) …y aun así permanece a mi lado.

Y cuando llegamos al capítulo 39 de Génesis también podemos caer en esa omisión: concentrar nuestra vista en la prosperidad o la injusticia cometida contra José y pasar por alto al verdadero protagonista, que es, Dios mismo:

“Mas Jehová ESTABA con José. Y vio su amo que Jehová ESTABA con él. Pero Jehová ESTABA con José.  Porque Jehová ESTABA con José” (V2,3,21,23; énfasis añadido, RVR1960).

1.Seamos conscientes de Su presencia constante

En la casa de su padre, en el pozo vacío, en la caravana de los ismaelitas, en la casa de Potifar, con la esposa de Potifar y en la cárcel, en todo tiempo, Dios estuvo con José.

Tal vez, hay momentos en nuestras vidas en los que el dolor, las circunstancias o la culpa por el pecado nos lleve a pensar que Dios está ausente, pero, recordemos que Él ha prometido nunca dejarnos ni desampararnos (Hebreos 13:5). 

Vivamos cada día agradeciendo que no solo va delante nuestro, sino que nos sostiene y nos sustenta. Eso sí, es por Su pura misericordia y gracia.

Esforcémonos cada día por crecer en santidad, porque es un Dios santo, santo, santo.

2.Busquemos Su presencia y no lo que puede darnos

En el desierto, el Señor dijo a Moisés que un ángel llevaría al pueblo a tomar posesión de la tierra prometida, sin embargo, ellos ya no contarían con Su presencia.

Y Moisés replicó: «O vas con todos nosotros….o mejor no nos hagas salir de aquí. Si no vienes con nosotros, ¿cómo vamos a saber, tu pueblo y yo, que contamos con tu favor? ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra? (Éxodo 33:15-16, NVI)

¿De qué serviría heredar la promesa sin el Dador? ¿De qué serviría la abundancia temporal sin la Fuente permanente de toda bendición? Moisés entendió que el mejor tesoro es Dios mismo y no lo que buenamente puede proveer.

Y como hijas de Dios, Su presencia en nuestras vidas, es lo que marca la diferencia con el resto del mundo. Las cosas materiales o logros pueden traer alegría y positivismo momentáneo pero la comunión cercana con Dios trae gozo, esperanza y paz permanentes. Él es la roca de nuestro corazón y porción (Salmos 73:26).

3.Reconozcamos Su presencia ante los demás

“Respondió José a Faraón, diciendo: No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” (Génesis 41:16, RVR 1960).

José no se atribuyó la habilidad de interpretar sueños, al contrario, exaltó y otorgó a Dios la gloria. Y su genuina humildad guio a otros a reconocer la grandeza de Dios: “Y Faraón dijo a José: «Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan prudente ni tan sabio como tú” (Génesis 41:39, RVR 1960)

¿No es para eso que hemos sido salvadas? ¿Para glorificar a Dios?

Amiga, tomemos un tiempo para agradecer y reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas no porque hayamos hecho algo bueno o lo merezcamos sino por que así lo determinó desde antes de la fundación del mundo. La única diferencia con el resto de los seres humanos que nos rodean es que un día Él nos alcanzó, cambió nuestra vida y hoy vive en nosotras.

¡Vivamos Coram Deo! que es «vivir toda la vida en la presencia de Dios, bajo la autoridad de Dios, para la gloria de Dios» (Sproul).

 

 

 

Oremos:

Querido Padre, todo nuestro ser bendice Tu Nombre. ¿Dónde estuviéramos sino fuera por Tu gran amor y misericordia? Ayúdanos a recordar cada día que Tú estás con nosotras y que eso cambie nuestra perspectiva y la manera como vivimos. En el Nombre de Jesús. Amén.

 

 

Versículo para meditar:

Josué 1:9 “¿No te lo he ordenado Yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas»» (NBLA).

 

Para reflexionar:

Tomemos un momento y levantemos una oración a nuestro Dios. No nos enfoquemos en las cosas materiales o en la situación o lugar donde estamos, centrémonos en Su presencia y demos gracias por quién y cómo es Él.

Nos encantaría que compartieras tus pensamientos en los comentarios.