El profesor L. Burkett señaló que: “La integridad debe ser un requisito mínimo en los cristianos, pero la segunda cualidad más valiosa es la lealtad”.

El diccionario de Webster define a una persona leal como alguien con fidelidad inquebrantable, que es a fiel a su soberano o gobierno, a una persona en particular, a una causa, ideal, costumbre, institución o producto. Algunos sinónimos pueden ser: fiel, devoto, entregado y comprometido.

Desde luego que la lealtad implica devoción y fidelidad cuando se usa con relación a Dios y el servicio; y cuando se trata de personas incluimos: dedicación, compromiso y no dar la espalda incluso en circunstancias adversas.

A lo largo de la Biblia encontramos diversos pasajes que nos exhortan a ser leales a Dios, a Su Palabra y a Su voluntad: “Estén, pues, los corazones de ustedes enteramente dedicados al Señor nuestro Dios, para que andemos en Sus estatutos y guardemos Sus mandamientos, como en este día»” (1 Reyes 8:61, énfasis añadido, NBLA).

«¿Qué significa ser leal a Dios? Si tuviéramos que definir la lealtad a Dios, ¿qué sería? Esto es lo que sería Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas. No hay mejor definición de lealtad a Dios que esa» (MacArthur).

Naturalmente, la lealtad también es una cualidad muy importante en las relaciones humanas ya que no sólo nos ayuda a construir relaciones sólidas y saludables, sino que nos permite reflejar a otros el carácter leal de Cristo.

Y el libro de Rut expone, principalmente, la soberanía y providencia de Dios al obrar en personas aparentemente “insignificantes” que fueron cruciales para un propósito mayor: enviar a Cristo el Redentor, pero, otra enseñanza que salta a la vista es sobre la LEALTAD; una marca distintiva del creyente en medio de esta generación maligna y perversa.

Tal vez, hoy estás en medio de una situación difícil con tus padres ancianos, un esposo alejado de Dios, un familiar enfermo o una amistad en problemas; debes tomar una decisión y no sabes cómo actuar.

Sin duda, la viuda Rut nos enseña como luce la lealtad: renunciar voluntariamente a las expectativas para atender las necesidades de otros, sacrificio al punto de abandonar lo conocido y seguro, y no dar la espalada en las horas más oscuras.

1.La lealtad exige un compromiso radical y firme con las personas que amamos

“Pero Rut le respondió: «No insistas en que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, yo iré, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios. Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa»” (Ruth 1:16-17, NBLA).

No hay duda de que Rut era consciente de los riesgos de unirse a otra mujer en una sociedad dominada por los hombres, pero nada la hizo vacilar. Dejó a su familia, su tierra y descartó toda esperanza de volver a casarse y formar una familia; renunció a todo sin una promesa específica de bien futuro. La experiencia que Noemí tenía de Dios era de amargura, pero a pesar de ello, Rut hace del Dios de Israel su Dios y confía en Él.

«Aquí tenemos una imagen de la mujer ideal de Dios. Fe en Dios que ve más allá de los amargos reveses del presente. Libertad de las seguridades y comodidades del mundo. Valentía para aventurarse en lo desconocido y lo extraño. Compromiso radical en las relaciones designadas por Dios. ¡Oh, que Belén pueda engendrar ese tipo de mujer!» (Spurgeon)

2.La lealtad exige un sentido de responsabilidad y sacrificio desinteresado por las personas que amamos

“Y Rut la moabita dijo a Noemí: «Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia»” (Ruth 2:2, NBLA).

Rut vio los campos de cebada y, sin inmutarse por lo desconocido, duro o insignificante que podía ser el “recoger espigas” tomó la iniciativa y salió a buscar el alimento para el hogar. Rut pensó primero en Noemí dejando de lado su orgullo o cualquier excusa.

3.La lealtad exige amor en acción

“Rut espigó en el campo hasta el anochecer, y desgranó lo que había espigado, y fue como 22 litros de cebada. Ella lo tomó y fue a la ciudad, y su suegra vio lo que había recogido. Rut sacó también lo que le había sobrado después de haberse saciado y se lo dio a Noemí” (Ruth 2:17-18, NBLA).

Rut, motivada por el amor a Noemí, trabajó con diligencia, empeño y honestidad al punto que capturó la atención de Booz, el dueño de los campos. Guardó la comida que le proporcionaron para que su suegra también pueda comer, sus deseos habían pasado a segundo plano.

4.La lealtad exige un corazón humilde y dispuesto a oír

Noemí dijo a Rut su nuera: «Es bueno, hija mía, que salgas con sus criadas, no sea que en otro campo te maltraten». Y Rut se quedó cerca de las criadas de Booz espigando hasta que se acabó la cosecha de cebada y de trigo. Y ella vivía con su suegra. (Ruth 2:22-23, NBLA)

El hecho de haber renunciado a sus planes no hizo que Rut se llene de amargura, rebeldía o queja contra su nuera, al contrario, su corazón se mantuvo sumiso. Ella respetó y honró a su nuera prestando atención a sus consejos.

5.La lealtad exige un corazón dispuesto a obedecer

Ella respondió: «Todo lo que me dices, haré». Descendió, pues, Rut a la era e hizo todo lo que su suegra le había mandado. (Ruth 3:5-6, NBLA)

La entrega de Rut fue radical y absoluta, había confiado todos los aspectos de su vida a Noemí.

El caso es que Rut fue leal con su suegra y, como resultado, Dios derramó bendiciones inesperadas y abundantes: un esposo, un hijo y formar parte del linaje del Señor Jesús. ¡Qué tal recompensa por su lealtad desinteresada!

Amiga, cada vez que intento pensar más en mí que en el resto recuerdo a Cristo: “cualquier sacrificio, dolor, pérdida o renuncia no se compara, en absoluto con lo que Él hizo por nosotras”. Tenemos que ser leales, en primer lugar, a Dios, y luego a nuestros seres amados.

¿Qué decides hoy?

 

 

 

Oremos:

Querido Padre, perdónanos por tener una lealtad dividida en primer lugar hacia Tu persona y en segundo lugar hacia nuestros seres amados. Ayúdanos a poner todo nuestro corazón en el lugar correcto que eres Tu y y Tu Reino. Ayúdanos a ser leales con nuestros seres amados. En el nombre de Jesús. Amén. 

 

 

Versículo para meditar:

Filipenses 3:8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo. (NBLA)

 

Para reflexionar:

Sin importar nuestros defectos y errores, los cristianos debemos amar y servir. ¿Cómo puedes manifestar tu lealtad a Dios y a tu prójimo?

Nos encantaría que compartieras tus pensamientos en los comentarios.